jueves, 30 de enero de 2014

LA REVOLUCIÓN NO SERÁ TELEVISADA

 “La revolución no será televisada”
                                                                Gil Scott-Heron


Es difícil ser de izquierda en estos tiempos y lo es aún más en este mi país, cuando te casan con los colores de un partido político como consecuencia de la desbordada polarización existente en nuestra sociedad. En los años 70 y 80 era difícil por aspectos diferentes, era por temor, el temor a las famosas persecuciones y a las escaladas de exterminio, pero eran otras condiciones, otros elementos  y otro capítulo del devenir histórico.
Hoy día la sociedad ha cambiado, el sistema ha evolucionado o quizá involucionado, pero los problemas del hombre No; continúan presentes. Por ello es importante pensar en el presente (estando en el 2014) y si bien es cierto que las teorías de los grandes pensadores y personajes de la izquierda histórica son básicas y necesarias para entender posturas de mercado, las propiedades de las clases sociales y la inequidad de la distribución de riquezas, hay que contextualizar dicho pensamiento y adaptarlo a la nueva realidad.
Es por eso que difiero, no me caso con ningún partido político, son lo que llamo: “La Izquierda Romántica” y no son más que aquellos que viven del pasado,  encerrados en pensamientos de la ortodoxia soviética y el pasionismo marxista, los que se resisten a adaptarse a una nueva lógica globalizada. Ésta globalización que no depende ni de izquierdas ni de derechas, en la cual y por el Principio de Disolución Histórica fuimos inmersos sin opción. Por tanto existimos en un nuevo mundo de izquierdas y derechas con una palabra que debe ser común: modernizadas.
El éxito socioeconómico de países liderados por la nueva izquierda como Brasil y Chile, son precisamente los ejemplos de ideologías que se han adaptado a volver las prácticas socialistas más hacía el libre mercado, pero sin olvidarse del objetivo primordial que es el ser humano como tal.
La revolución no es más en la trinchera, en las canciones de Los Guaraguao, en los discursos anti-imperialistas o en idolatrías pasionales. La revolución, hoy más que nunca, está en la intelectualidad de sus líderes, en la verdadera conciencia y responsabilidad social, pero sobre todo la revolución está en  la habilidad para crear reales oportunidades a las clases más vulnerables; aprovechando las nuevas características del sistema.
Es difícil ser de izquierda en este país cuando te imponen una bandera y no una base profunda para trabajar junto a ellos, si no piensas como ellos te tildan y es entonces que se vuelve áspera la convivencia.
Por eso creo firmemente que la revolución no será televisada, porque no va coreada de publicidad, no va de la mano de campañas políticas, va solita, va con el sentir de la gente. Es así de simple.